En el Mediterráneo también hay tiburones. Y no solo tintoreras: entre sus aguas se mueve, incluso, el más rápido del mundo. Juan Pallarés y Diego Barchi lo comprobaron el pasado 22 de abril, hace apenas una semana, durante una salida en barca frente a Torre Colomera, en Orpesa.
Los dos jóvenes habían salido desde el puerto de Orpesa sobre las 8.40 horas y navegaban a una distancia aproximada de entre una milla y media y dos millas de la costa cuando vieron una aleta en la superficie. Al principio pensaron que podía ser una aguja imperial, la especie que buscaban esa mañana, pero la imagen cambió en cuanto se acercaron.
La aleta no tenía la forma de media luna propia de una aguja, sino un perfil triangular mucho más reconocible. Después pudieron apreciar otros rasgos que llevaron a Pallarés a identificar el ejemplar como un marrajo común: el azul eléctrico de la parte superior, el morro puntiagudo y una silueta que, según describe, recordaba a la de un tiburón blanco, aunque de menor tamaño.
El vídeo, compartido en la cuenta de Instagram @vidasaladaa, llama la atención por la fuerza de la imagen: una aleta avanzando sobre un mar prácticamente en calma y, después, el animal moviéndose junto a la embarcación sin mostrar ningún comportamiento brusco. Una escena que muchos lectores asocian a mares lejanos, pero que esta vez ocurrió frente a la costa de Castellón.
Una vuelta alrededor de la barca
“Iba vagando por ahí por la superficie, súper tranquilo, como en una misma dirección”, explica Pallarés. Según calcula, el ejemplar mediría alrededor de 1,60 metros y podría pesar entre 40 y 50 kilos.
El momento más llamativo llegó cuando el tiburón se acercó a la semirrígida en la que navegaban los dos jóvenes. “Nos dio una vuelta al barco a curiosear, pasó por debajo y se fue”, relata Pallarés, que reconoce que tanto él como Diego Barchi quedaron “alucinados” ante una escena que nunca habían presenciado.
La sorpresa fue todavía mayor porque ninguno de los dos conocía un caso parecido en su entorno más cercano. Pallarés asegura que personas que llevan toda la vida navegando, pescando o practicando pesca submarina en esta zona del Mediterráneo tampoco recuerdan un encuentro similar.
El propio vídeo fue publicado con un título que jugaba con una frase muy repetida: No hay tiburones en el Mediterráneo. La grabación demuestra que sí los hay, aunque los avistamientos desde embarcaciones recreativas no son habituales y los ataques a personas resultan excepcionales.
El escualo más veloz
El marrajo común, conocido científicamente como Isurus oxyrinchus, es una especie pelágica, propia de mar abierto, que puede encontrarse en aguas templadas y tropicales, también en el Mediterráneo. Su cuerpo hidrodinámico y su potencia lo convierten en uno de los grandes depredadores marinos.
Fuentes científicas lo sitúan como el tiburón más rápido del mundo, con ráfagas que pueden alcanzar o superar los 70 kilómetros por hora. Ese dato convierte el avistamiento frente a Torre Colomera en una imagen todavía más singular para quienes no imaginan la presencia de esta especie en aguas próximas a Orpesa o Benicàssim.
El encuentro no generó miedo entre los dos jóvenes. Pallarés, de 23 años, lleva toda la vida vinculado al mar y desde hace dos años sale con más frecuencia a pescar junto a sus amigos. Aun así, nunca había visto un tiburón en la zona.
“No pasamos miedo, al contrario”, afirma. El joven insiste en que el animal se mostró tranquilo en todo momento y defiende que este tipo de avistamientos no deben alimentar alarmas. “No creo que haya que tener ningún miedo en el Mediterráneo ni que esto impida explorarlo más porque se haya visto un tiburón en nuestras costas”, señala.
Respeto al Mediterráneo
La presencia de tiburones forma parte del equilibrio del ecosistema marino. Estos depredadores cumplen un papel importante en la regulación de otras especies y su situación preocupa más por la conservación que por el riesgo real para las personas.
Pallarés también lo subraya desde su experiencia como aficionado al mar y a la pesca. “Son súper importantes para regular el ecosistema y cada vez hay menos por la sobrepesca”, apunta. El joven explica que practica la captura y suelta cuando pesca ejemplares que no necesita llevarse a casa para comer.
El avistamiento del marrajo llega, además, en una semana especialmente llamativa para la fauna marina de la zona. Hace apenas unos días, Todo Benicàssim mostró también la presencia de un pez luna de alrededor de metro y medio frente a la costa, otro animal poco habitual para el gran público por su forma redondeada y su gran tamaño.
El propio Pallarés recuerda que este tramo del Mediterráneo puede ofrecer más sorpresas de las que se ven desde la playa. En estas aguas pueden aparecer agujas imperiales, barracudas, aljobas o grandes atunes. De hecho, señala que a partir de unas 15 millas de la costa pueden encontrarse ejemplares de gran tamaño, incluso atunes de más de 200 kilos.
El vídeo grabado frente a Torre Colomera permite asomarse a una parte del Mediterráneo que suele quedar lejos de la mirada de bañistas y paseantes. Hay tiburones, sí, pero su presencia no debe leerse como una amenaza, sino como una muestra de la biodiversidad que todavía conserva el mar.
Eso no significa bajar la guardia. Son animales salvajes y grandes depredadores, y cualquier encuentro debe afrontarse con distancia, prudencia y sentido común. El reciente caso del marido de una castellonense, gravemente herido durante una actividad acuática en Maldivas, recuerda que el respeto debe formar siempre parte de cualquier interacción con este tipo de especies.