El arte contemporáneo ha encontrado en Orpesa un nuevo territorio entre el bosque, el fondo del mar y la tecnología inmersiva. La Fundación Azul Marino ha presentado en Bellver Blue Tech Zone Conocimiento Flotante: mar-tierra-digital, una instalación del artista Damià que convierte el Mediterráneo en parte activa de la obra y plantea una experiencia poco habitual en España por su combinación de escultura submarina, ciencia marina, sensores y creación digital.
La propuesta no plantea una exposición al uso. El recorrido conecta tres espacios distintos: una gran pieza instalada en tierra, junto al bosque; varias esculturas situadas bajo el agua, en el Lugar de Interés Comunitario Benicàssim-Orpesa; y una obra audiovisual generada en Vortex, la sala inmersiva de 360º de Bellver Blue Tech Zone, única en Europa y una de las tres existentes en el mundo.
El proyecto destaca por ir más allá de la idea de museo submarino. Existen referencias de esculturas bajo el mar en enclaves como el Caribe o Lanzarote, pero la singularidad de esta instalación radica en que el Mediterráneo no actúa solo como escenario. El agua transforma las piezas, aporta datos, modifica la experiencia digital y marca la evolución de una obra que cambia con el entorno.
Una obra con el mar
La parte submarina está formada por esculturas con morfología de cabeza humana integradas en biotopos, unas estructuras diseñadas para favorecer la presencia de vida marina. Sus responsables subrayan que las piezas no han sido colocadas de cualquier manera en el fondo, sino pensadas para integrarse en el medio, con materiales y colores escogidos para no alterar el entorno.
El director de proyectos de la Fundación Azul Marino y comisario de la instalación, Pablo García, explicó durante la presentación que las piezas funcionan de forma conectada “tanto en materiales como en concepto y en la tecnología” utilizada. Esa relación permite que la escultura terrestre, la intervención submarina y la parte digital formen un mismo sistema.


















El mar irá modificando las esculturas con el paso del tiempo. Organismos, esporas y fauna podrán colonizar las piezas, que perderán así la condición de objeto cerrado para convertirse en cuerpos vivos dentro del ecosistema. García resumió esta idea al apuntar que “Damià es el creador, pero de alguna manera ha permitido tener un cocreador que va por libre completamente, que es el medio marino”.
La instalación cuenta además con boyas y sensores capaces de recoger información real del agua, como temperatura, salinidad, corrientes, turbidez y otros parámetros fisicoquímicos. Estos datos alimentan un software creado para la obra y modifican la pieza digital que el público puede ver en Vortex. Los colores, la densidad, el movimiento y el ritmo visual dependen de lo que ocurre en cada momento en el Mediterráneo.
Damià explicó durante el recorrido que la pieza funciona “como si el dibujo estático generara vida, y esa vida se genera con todos los datos que vienen del mar”. La imagen digital parte de dibujos del artista, pero queda alterada por la información recogida en el entorno marino, de modo que nunca aparece exactamente igual.
Redes que cambian de destino
La instalación incorpora también un fuerte componente medioambiental. La escultura situada en tierra, titulada Boya Varada, utiliza redes fantasma recuperadas del mar, artes de pesca abandonadas que pueden seguir atrapando fauna durante años. El proyecto convierte este residuo en materia artística y le otorga una segunda vida dentro de una pieza de gran formato.
Según la información de la propia instalación, la obra terrestre mide 200 por 230 por 470 centímetros y pesa alrededor de 1.500 kilos. Damià detalló que incorpora unos 400 kilos de redes recuperadas y que su proceso de creación ha requerido 11 meses de trabajo. La pieza combina mortero romano, cal, grafeno y pintura con capacidad de absorción de CO2.





























Su aspecto recuerda a un objeto arrastrado por el mar y depositado después entre los pinos. La superficie deja ver restos de redes, capas de pintura, desgastes y brillos que evocan una pieza antigua erosionada por el tiempo. La brisa marina, el salitre, la humedad y la vegetación continuarán alterando poco a poco la escultura, igual que el agua transformará las piezas sumergidas.
El concepto de Conocimiento Flotante conecta con una idea de pensamiento inestable, cambiante y ligado al contexto. Damià lo relacionó durante la visita con la noción de los tiempos líquidos y con la imagen de una cabeza convertida en boya, entre lo recuperado y lo expulsado por el mar. “Ya no hay nada sólido, todo es líquido, todo está en constante movimiento”, afirmó el artista.
Vortex y el futuro de la instalación
Bellver Blue Tech Zone ya había iniciado esta línea cultural en diciembre de 2025 con la apertura de Vortex, estrenada con The Rhythm of the Ocean Vortex. Aquella primera experiencia introdujo a Orpesa en el circuito del arte digital inmersivo. La nueva instalación amplía ahora esa apuesta al conectar la sala 360º con el bosque, el mar y los datos reales del ecosistema.
El proyecto no busca lanzar un mensaje cerrado ni convertir la obra en una denuncia dramática. El artista defendió una mirada más abierta, capaz de sugerir preguntas sobre la relación entre naturaleza, tecnología y conservación. “Mi función no es adoctrinar, mi función es indicar o señalar como artista algo que ocurre”, afirmó Damià.
























Las esculturas submarinas permanecerán aproximadamente un año bajo el mar, aunque su evolución dependerá de los temporales y de las condiciones marítimas. La organización valorará después si las retira, las conserva por su colonización biológica o vuelve a sumergirlas más adelante.
Bellver Blue Tech Zone prevé organizar durante el verano acciones abiertas al público para dar a conocer el proyecto mediante recorridos guiados. La pieza terrestre podrá contemplarse desde las pasarelas de la zona protegida cuando el espacio permanezca abierto, mientras que la parte submarina no contará con señalización ni formará parte de una visita ordinaria. Quienes buceen por la zona, sin embargo, podrían encontrarse con las esculturas como una sorpresa silenciosa en el fondo del Mediterráneo.